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FRESHLYGROUND

El soundtrack de la reivindicación sudafricana

Lo podrían llamar Al, pero su nombre real es Paul, Paul Simon. Un tipo bonachón de New Jersey que estudió para ser abogado, pero terminó recorriendo el mundo como un beatnik meloso, haciendo folk y eso que hoy, sin discriminación alguna, se cataloga como música del mundo. Paul, al que mucha gente llamaba Al, era el Simon de Simon & Garfunkel, quizá una de las bandas más icónicas de los 60. A punta de rock y de la contundencia lírica de su folk, la banda se hizo camino hasta convertirse en una agrupación de culto. Ellos fueron las cabezas, las manos y las guitarras detrás de canciones como Mrs. Robinson  y  The Sound of Silence. Sin embargo, la relación de Simon con Garfunkel, nunca fue tan de buenas migas y cada uno terminó haciendo sus proyectos en solitario. Paul Simon incursionaría en sonidos mucho más optimistas, en músicas mucho más tropicales y con influencias de latitudes como México, Brasil y África.

Hace 25 años, Paul Simon crearía el más icónico de los álbumes de su carrera: Graceland. Un popurrí sabroso y alegre en el que confluiría el pop, el rock y muchas músicas producidas en el continente africano. Ejemplo de ello era el Isicathamiya, un estilo vocal propio de la etnia de los Zulus. Graceland no solo sería importante por la calidad musical, las letras pegajosas y la particular y adornada mezcla sonora que lo llevaría a vender más de 14 millones de copias en el mundo, sino también porque el acto de su grabación, que se realizó en Sudáfrica, fue una declaración contra el Apartheid que se vivía por aquellos años en el país africano. Sin pedir ningún permiso e incluso desatendiendo el boicot cultural que muchos artistas habían montado contra el gobierno del país segregado, Simon, un blanquito norteamericano, creó, lo que sería su obra maestra. El trabajo fue grabado en compañía de músicos y compositores afro como Ladysmith Black Mambazo, un grupo coral masculino Sudafricano, y el compositor Joseph Shabalala. El 4 de Junio de 2012 se volvió a lanzar Graceland mundialmente con tres canciones adicionales, en un acto de celebración de los 25 años de este importante producto cultural, social, político y musical.

Para rendirle un homenaje a esas músicas que borran barreras y unen pueblos queremos presentarles a una de las bandas africanas más relevantes de la actualidad la cual, durante más de una década, se ha encargado de hacer extensivo ese mensaje de igualdad racial y de la cultura como espacio de encuentro y diálogo. Con ustedes, Freshlydround.

Conformada por sudafricanos además de gente de Mozambique y Zimbawe, la banda se mueve entre el jazz, el folk y el afropop.  Zolani Mahola, la voz del grupo, canta en Xhosa y en inglés, un mix que genera de entrada vínculos e integración.

Entre vientos y percusiones, sus canciones retratan las vidas de aquellos que fueron oprimidos por los regímenes de segregación y reclaman una Sudáfrica unida e igualitaria, pues si bien ya no hay Apartheid, la mayoría negra continúa viviendo en la pobreza y la minoría blanca sigue atesorando la riqueza. La música de Freshlydround envía un mensaje positivo sobre el futuro de ese continente empobrecido, pero vibrante y alegre que es África.

Canciones como Doo Be Doo, Nomvula y Potbelly, en las que son claros los elementos de la música Kwela y que tienen una base rítmica mezcla entre el jazz y elementos coloridos como las flautas sudafricanas de lata (pennywhistel), los llevaron a tener reconocimiento mundial. Freshlyground ha conservado en sus cuatro álbumes un tono abiertamente político, apuesta que los llevó a cantar ante el parlamento de Sudáfrica en 2004. Su disco Radio Africa (2010) generó gran controversia, pues en él se hacían fuertes críticas al gobierno de Robert Mugabe, presidente de Zimbawe.
Los dejamos con estos tracks de música sin raza, de sonidos que abogan por la reivindicación, de ritmos que cuentan la historia africana según los mismos africanos.

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