06.10.2026. Bogotá



Bajo el agua, el cuerpo renuncia por un instante a su forma.
Desciende y, al hacerlo, deja atrás aquello que lo nombra:
la norma, la mirada, el género, la memoria que otros han escrito sobre él.
El agua no pregunta.
No clasifica.
No posee.
Sólo transforma.
Las telas flotan alrededor del cuerpo como una segunda piel, abiertas al movimiento, liberadas de su función. Lo que antes cubría y protegía ahora se vuelve aire, materia suspendida, una forma que todavía no termina de ser.
En ese tránsito, el textil guarda la memoria de otros cuerpos.
Batas quirúrgicas, inspiradas en aquellas que pertenecen al universo de la ginecología, son intervenidas por la artista Nora Renaud. Sobre ellas aparecen signos de nuestro presente: el ícono de compartir, símbolos de comunidad y pertenencia, huellas de una cultura que ha aprendido a relacionarse a través de pantallas.
Pero junto a ellos aparecen otros signos, más antiguos.
Una bordadora de cultura Emberá Dobida, incorpora dibujos de plantas medicinales tradicionales, haciendo convivir sobre la misma superficie el saber de la tierra y el lenguaje de la red.
Dos tiempos que no se explican entre sí, pero que pueden encontrarse.
Y entonces aparece el cuerpo indígena muisca.
Su presencia desplaza la historia de la prenda. Una bata asociada al cuerpo femenino, a la reproducción, al cuidado y al control médico, es habitada por un cuerpo masculino. El significado deja de ser fijo. Se mueve. Como el agua.
El cuerpo se convierte así en territorio de tránsito:
entre medicina y ritual,
entre tecnología y memoria,
entre lo ancestral y lo contemporáneo.
El signo digital habla de aquello que circula sin descanso: imágenes, datos, rostros, identidades. La bata recuerda aquello que ha sido observado, registrado y administrado. Frente a ambos, el cuerpo permanece como algo que no puede ser completamente clasificado.
El agua vuelve todo más lento.
Suspende las certezas.
Y en esa suspensión, la imagen encuentra otra forma de mirar.
Casi nada sucede.
Una tela se desplaza.
Un cuerpo respira.
La luz atraviesa el agua.
Y, sin embargo, algo cambia.
El hombre flota.
O se sumerge.
No desciende: regresa.
Regresa a un lugar anterior a las palabras, donde el cuerpo todavía no ha sido separado de la memoria, ni la memoria del origen.
Quizás eso sea el tránsito:
no ir hacia otro lugar,
sino atravesar aquello que somos
hasta recordar otra forma de existir.
El agua revela.
Y por un instante,
el cuerpo deja de pertenecer al mundo
para pertenecer solamente al movimiento.



Fotografía : Studio Kapture @studiokapture
Dirección artística y texto : Marcela Acevedo @marsacevedito
Modelo : Milciades Castrov @milciadescastrov
Arte : Nora Renaud @_nora_renaud_
Bordados : Eroncia Conchave @conchavecaibera
Impresión : El tigre @eltigreprint

