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Desde que tengo memoria me dijeron que el cliente siempre tiene la razón. Pero olvidaron mencionar con qué tipo de clientes me iba a encontrar.


Valentina Giraldo Henao es artista, diseñadora y emprendedora.
Fundó LAVALENTINA Design en enero del 2015 en Bogotá, y además de trabajar 
dirigiendo
su empresa, escribe acerca de diseño, cultura organizacional y emprendimiento. 

Una de las cosas más lindas que me ha dado LAVALENTINA, es que he tenido el gusto de conocer personajes maravillosos. Tengo clientes increíbles que han creído en mi y me han apoyado en este camino enormemente. A muchos de ellos hoy los llamo amigos y no clientes. Pero la verdad es que los que más me han enseñado, son los que más problemas me han dado.

Todos los que trabajamos en servicios sabemos que un mal cliente puede ser una pesadilla. Hay que aprender a manejar clientes groseros, que no pagan. Clientes que quieren todo regalado, que no valoran el trabajo. Hay clientes de clientes y son las experiencias difíciles las que me han hecho preguntarme ¿cuáles son mis no negociables?

Cada vez que no le hago caso a mi instinto, la embarro. Justo cuando creo que he lidiado con los personajes más complejos, llega alguien que me muestra que siempre se puede llagar más lejos. Hace poco tuve un cliente que desafió todos los límites de la decencia. A este personaje lo llamaremos Voldemort. Como dice el sabio René de Calle 13, “no lo hago para evitar el roce, lo hago para no hacerlo famoso en los países donde nadie lo conoce”. Trabajar con el fue casi imposible. Logró convertir un proceso que amamos, en una película de terror que odiamos. Me costó mucho pero por fin un día tomé la decisión de despedirlo. Recordé que la plata no todo lo puede y que no estoy dispuesta a sacrificar mis valores por un cliente.

Un tiempo después, con la cabeza fría hice una lista de los errores que cometí y que ahora repaso para no repetir.

El primer error fue ignorar el sentimiento intranquilo que tuve cuando lo conocí. La primera impresión poco falla. Con el tiempo los miedos se fueron materializando. Incluso antes de empezar a trabajar, las banderas rojas empezaron a aparecer en los temas formales. La negativa para firmar un contrato, la regateada hasta el último peso y las ganas de convencernos de que nos hacía un favor al contratarnos. Segundo error; aceptar lo inaceptable.

No pasamos por encima de lo que somos para conseguir lo que queremos. Y el fin no justifica los medios.

Como los grandes tiranos, Voldemort era hábil con las palabras. Tenía el poder de hacerme dudar de mi trabajo y restarle valor a lo que hago. Esas conversaciones pasivo agresivas me dejaban agotada y al equipo completamente desmoralizado. El tercer error fue querer convencerlo de valorar lo que hacemos y pensar que tenía que demostrarle que efectivamente somos buenos.

Entonces me repito, Valentina:
1. Hágale caso a su instinto. Normalmente tiene razón.
2. No acepte lo inaceptable. Si no pone límites al principio, nunca podrá ponerlos.
3. Quien no valora su trabajo desde el primer momento, difícilmente empezará a hacerlo.

El tiempo me ha enseñado a decir que no. No funcionamos con intimidaciones y grosería. No mejoramos a punta de gritos o comportamientos pasivo agresivos. No pasamos por encima de lo que somos para conseguir lo que queremos. Y el fin no justifica los medios. Nuestros valores no son negociables.

La vida creativa se caracteriza por la falta de horarios, la guerra de egos y la poca valoración por el trabajo que hacemos. Por eso creemos en promover el trabajo en equipo, los espacios amables y coherentes. Por lógica, así trabaja más feliz la gente. Y eso es lo que buscamos; ser gente feliz. Porque así somos mejores y más productivos y porque así debería ser el mundo creativo.

*Voldemort es un Frankenstein de varios personajes. Cualquier parecido con la realidad, no es pura casualidad.
**Gracias a todos los Voldemorts que nos ayudaron a aclarar lo que no vamos a negociar.

 

Valentina Giraldo Henao
@lavalentinadesign @valentinagiraldohenao

www.lavalentinadesign.com

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