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LA UTOPÍA Y SUS PROBLEMAS

Una vasta cantidad de productos arquitectónicos de los tiempos actuales tienen un ideal de perfección. Si en algún tiempo pasado la arquitectura fue simbólica, alegórica (del camino hacia lo divino o hacia lo maldito), o remitía a escenas espirituales que esculpían la base de la sociedad, ahora los edificios recuerdan la adoración al bisturí.

Las construcciones de ahora quieren imponer su belleza inmaculada, con el valor que en la palabra del inglés se transmite con precisión: flawless.
Estos edificios no quieren tener imperfecciones, y, como la tendencia de las generaciones de hoy, no quieren envejecer. Los mismos materiales de estas edificaciones hará que su envejecimiento sea horrible, distinto al envejecimiento del coliseo romano, por mencionar solo un ejemplo evidente de edificios viejos que sabían desde que nacieron que iban a envejecer, y que por eso lo hicieron de esa manera tan digna, tan hermosa, tan eterna.

“La arquitectura no está teniendo en cuenta a la sociedad, sino que está imponiendo cosas. La arquitectura está enajenando a las personas.”
Marcelo Mejía busca las arquitecturas anónimas, lugares que son “no-lugares” en el sentido de que no tienen rastros humanos, no tienen historia.
Lo que este fotógrafo hace con su lente es criticar lo que ve, y no alabarlo. Pero lo critica en los mismos términos de la construcción: con imágenes limpias, positivistas, lisas, flawless.

Estas edificaciones, además, tienen personalidad oficialista, institucionalizada, y son generalmente protegidas para ‘no ser perturbadas’. Esto es algo que se tiene en cuenta en las fotografías; aparecen en algunas tomas símbolos de vigilancia (un guardián, una puerta, un límite) que acentúan que, incluso si hablamos de edificios públicos, estos espacios no son construidos para ser habitados de forma pública como lo sería una plaza o un parque.

“Nunca he usado la fotografía como representación de la realidad”. Mejía dice que, si de representar la realidad se trata, es mejor valerse del recuerdo. Él ve la fotografía como un medio manipulable que sirve para expresar una idea sin que necesariamente exista físicamente en el mundo real.

El fotógrafo demuestra el desligamiento con la realidad al no otorgarle a estos edificios una referencia, ni hablar de su función.Solo los une el hecho de ser edificios anónimos, propios de la era contemporánea, donde las construcciones no hablan del pueblo que las construyó ni para el cual fueron construidas.

Marcelo Mejía pone el dedo en la yaga de la utopía logrando que estas imágenes, perfectas como son, que retratan estos espacios limpios y ordenados, se nos antojen desoladas, frías y melancólicas (no por la carga de recuerdo, sino precisamente por la falta total de recuerdo).
Explorando los edificios por lado y lado, en cada rincón y en cada esquina, Mejía los reconstruye a través de su fotografía, logrando imágenes imposibles pero con un ancla en la realidad. Él hace arquitectura con base en la arquitectura ya presente. Toma las partes de estos edificios que se pueden conjugar para llevar hasta el límite el carácter brillante, pulido, perfecto.

Con esta serie de fotos, Marcelo Mejía nos presenta un paso más de su proyecto por encontrar paisajes arquitectónicos ficticios. Con Dymaxion (Dinamic Maximum Tension), el fotógrafo hila sus obras por medio de la aparición de espejos que resaltan el carácter surreal de los espacios.

La exposición Dyamaxion es presentada por Galería MÜ.
Cr 4A #26B-29, #202, Bogotá.

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