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Corium consciente

Antes de llegar a revestirnos con pensamiento textil, un exoesqueleto simbólico de piel recubrió nuestro universo cultural el cual dependía de esa protección. Hoy son evidentes las problemáticas del uso del cuero, pero es difícil mantenerse al día en cuanto las últimas innovaciones del sector para tomar una postura sin entrar a discutir por el sufrimiento del mundo porque en el ciclo del Samsara sólo Jonathas de Andrade en su film O peixe (2016) ha llegado a dilucidar una salida amorosa, tampoco debemos considerar el cuero “vegano” de PVC como una opción ya que es muchísimo más contaminante que los químicos utilizados en el proceso de curtiembre, sin contar con la durabilidad del material.

Existen empresas que están innovando con tecnologías ecológicas para evitar el impacto negativo al medio ambiente en la industria del cuero. Una de ellas es la empresa alemana Wet-Green que ha desarrollado tecnología limpia para la curtiduría de la piel de alta calidad, un curtiente derivado de la extracción de plantas desechadas por la industria del cultivo de olivos. La norma Naturleder IVN Certified de la Asociación Internacional de la Industria Textil Natural (IVN) se considera el certificado más estricto para el cuero sostenible. También está el Leather Working Group (LWG), con sede en Londres, que es una iniciativa de múltiples partes interesadas con varios actores de la industria. Otro ejemplo del camino recorrido es el fabricante de cuero alemán Josef Heinen, cuarta generación dentro de la empresa familiar, que lleva décadas dando prioridad a la protección del medio ambiente.

El cuero ha caído en descrédito en los últimos años y por eso estamos aquí haciéndonos las preguntas: las marcas deben contarnos sus proceso desde la ribera, el curtido, el acabado en húmedo y el acabado en seco (las cuatro etapas principales en la transformación de la piel) porque durante estos procesos es donde aparecen residuos y es allí donde la sostenibilidad debe presentarse como un equilibrio económico, social, cultural y ambiental. Muchas marcas dicen hacerlo, sin embargo Verona Rámirez, coordinadora de marketing para Carolina Herrera, nos menciona tres marcas colombianas que realmente exponen sus procesos desde la transparencia: Isadora Malva menciona dentro de sus pilares la trazabilidad en su cadena de suministro y el trabajo con cueros certificados junto con el manejo
de referencias en pre-order con el fin de evitar desperdicios en sobre stock. Argento Bourbon también implementa el modelo on demand con el cual se evita la sobre producción y en sus cueros emplean curtición vegetal libre de cromo. La marca Ana Laverde tiene una clara visión frente al componente social de su empresa en el cual incluye mujeres y hombres que traen por generaciones en su ADN el trabajo manual del cuero y la marroquinería, la marca trabaja exclusivamente con cueros colombianos e italianos de la mejor calidad que han sido curtidos bajo procesos ambientalmente responsables.

Desde un punto de vista más global, el crecimiento del mercado impulsado por las reglamentaciones ambientales europeas hacen que la industria del cuero busque alternativas a los tradicionales cueros curtidos al cromo. Las demandas no solo las encontramos dentro de la indumentaria, diferentes industrias como la automotriz o la decoración de interiores también están indagando por el posible remplazo de aquel material milenario. Empero, las problemáticas se manifiestan de igual forma, sin importar el tipo de industria: la falta de claridad entre los mares de información, la promoción de nuevos materiales que aseguran la salvación sólo a corto plazo y las tendencias que alcanzan niveles increíblemente superficiales de consumo no facilitan la tarea. Para One4Leather las preguntas siguen siendo las mismas ¿de dónde viene el material? ¿Cómo fue su proceso de producción? ¿Aquel material facilita la economía circular? Para ellos es inaceptable que el mercado comercialice el material de PVC bajo el nombre de cuero vegano, y así nos encontrarnos con opiniones de expertas como Ruth Pauli que reconoce la tendencia hacia los materiales de tapicería ética y ecológicamente correctos “sin embargo, si se mira de cerca, los materiales supuestamente sostenibles a menudo no son tan ecológicos como los fabricantes y nuestros propios instintos nos hacen creer”. Pauli, diseñadora de interiores de Ford Europa, nos vuelve a recordar la nobleza de cuero y, ante todo, menciona que es un producto de desecho de la industria cárnica, por lo tanto sigue siendo la mejor alternativa comparada con una fibra artificial que tiene que ser producida específicamente para el automóvil. No podemos olvidar que el cuero se caracteriza por su longevidad y su fácil conservación, siendo ademas biodegradable inclusive después de haber sido tratado, es un material que, en la mayoría de los casos no produce alergias y permite la correcta respiración de la piel, cosa que ningún tipo de fibra sintética permite así sean siete u ocho botellas recicladas. Si contamos con un curtido y un teñido adecuados, una piel podría tardar entre veinticinco o treinta años en desintegrarse luego de varias décadas de uso, en contraste con el PVC que podría llegar a tardar mínimo 300 años.

Nuestras conciencias ya están sacudidas, no podemos negarlo, sin embargo mientras marcas como Land Rover, Tesla o Audi, quieren ver la tendencia hacia un estilo de vida “vegano” pienso en el accionar individual, en la relación que tenemos con la vida y la muerte, con la transformación de nuestros propios cuerpos. Revivo las imágenes capturadas por Jonathas de Andrade donde esos pescadores consienten, acarician, despiden y agradecen a esos peces que acabaron de pescar. Así quizás, lo que nos queda es consentir aquel cuero milenario que sigue siendo, aunque no lo parezca, una de las formas más sostenibles de recubrimiento.

08.05.23
Por: Ángeles Carmona Barón


Su formación profesional como Creativa Publicitaria y Diseñadora de Moda se ha complementado con la práctica ininterrumpida de la escritura creativa, el dibujo, la fotografía y la danza contemporánea. Es Docente en LCI Bogotá, tiene su propio restaurante vegano/vegetariano llamado Quinua y Amaranto y, se encuentra desarrollando un Máster en Filosofía.

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