07.10.2026. Bogotá

La presente (La habitación del presente), de Mateo López, ocupa desde 2026 la Sala 13 del Museo Nacional de Colombia como una miscelánea expandida. Entre estanterías de madera, herramientas, dibujos, frutas, minerales, tejidos, máscaras y esculturas, la mirada salta de una cosa a otra, atraída por la familiaridad de ciertos objetos y la extrañeza de sus encuentros. Hay algo reconocible en este lugar, aunque cuesta precisar dónde lo hemos visto antes. Quizás en una tienda de barrio, en un taller o entre las cosas que alguien guarda porque todavía podrían servir.
Esa sensación de cercanía atraviesa una obra que toma como referencia la miscelánea, la ferretería y la plaza de mercado, espacios donde los objetos conviven por proximidad, necesidad y azar. Una cuerda junto a una lata, una herramienta cerca de una fruta o una piedra al lado de un tejido traen a la sala la lógica de esos lugares donde siempre parece caber algo más. Al recorrerla, las asociaciones se multiplican y despiertan recuerdos de lo que hemos usado, guardado o visto pasar de mano en mano. Así, el montaje va tomando la forma de un inventario afectivo, abierto a las historias que cada visitante lleva consigo.
La presente (The Present Room), by Mateo López, has occupied Room 13 of the National Museum of Colombia since 2026 as an expanded miscellany shop. Among wooden shelves, tools, drawings, fruits, minerals, textiles, masks, and sculptures, the eye moves from one thing to another, drawn by the familiarity of certain objects and the strangeness of their encounters. There is something recognizable about this place, although it is difficult to pinpoint where we have seen it before. Perhaps in a neighborhood shop, a workshop, or among the things someone keeps because they might still come in handy.
This sense of familiarity runs through a work that takes the miscellany shop, hardware store, and market square as its points of reference—spaces where objects coexist through proximity, necessity, and chance. A rope next to a tin can, a tool beside a fruit, or a stone alongside a textile bring into the room the logic of places where there always seems to be space for something else. As we move through it, associations multiply and awaken memories of things we have used, kept, or watched pass from hand to hand. In this way, the installation gradually takes the form of an affective inventory, open to the stories each visitor carries with them.


En medio de esa familiaridad, las cosas empiezan a adquirir un carácter inesperado. Una fruta parece un personaje, una herramienta sugiere un gesto y una cuerda extendida conserva el rastro de una acción. El animismo aparece en esa posibilidad de sentir que los materiales tienen una vida propia y que nuestra relación con ellos merece tiempo y atención. López acerca la mirada a los alimentos, los frutos, los minerales y las materias primas, mientras abre preguntas sobre la naturaleza que llevamos a casa, transformamos con las manos y hacemos parte de nuestras rutinas.
El mobiliario de Carolina Upegui da cuerpo a esos encuentros. Sus estructuras de madera forman estantes, vitrinas y superficies de trabajo que acompañan el recorrido con una escala cercana, casi doméstica. Los compartimentos permiten descubrir pequeñas escenas, mientras que las piezas sobre el mostrador prolongan las relaciones entre lo que se guarda, se exhibe y se utiliza. La sala adquiere así el aire de una tienda cuyos objetos esperan que alguien se acerque a preguntar por ellos. Cada detalle invita a quedarse un poco más.
Amid this familiarity, things begin to acquire an unexpected character. A fruit appears like a character, a tool suggests a gesture, and a stretched rope retains the trace of an action. Animism emerges in the possibility of sensing that materials possess a life of their own, and that our relationship with them deserves time and attention. López brings the gaze closer to food, fruits, minerals, and raw materials, while opening up questions about the nature we bring home, transform with our hands, and incorporate into our routines.
The furniture by Carolina Upegui gives form to these encounters. Her wooden structures become shelves, display cases, and work surfaces that accompany the visitor with a familiar, almost domestic scale. The compartments allow small scenes to be discovered, while the pieces displayed on the counter extend the relationships between what is stored, exhibited, and used. The room thus takes on the atmosphere of a shop whose objects seem to be waiting for someone to come closer and ask about them. Every detail invites us to stay a little longer.


Esa disposición al encuentro también orienta la dimensión pedagógica de la obra. Algunas esculturas, dibujos y objetos pueden ser manipulados por los mediadores del museo para activar con el público una experiencia sensorial y lúdica. La curiosidad que guía la mirada encuentra entonces una salida en el movimiento, la conversación y el juego. Observar, nombrar, comparar e inventar se vuelven maneras de entrar en relación con las piezas y con quienes comparten la sala, haciendo que cada activación abra la posibilidad de un relato distinto.
Desde esa experiencia compartida, La presente entreteje una reflexión poética y política sobre el hacer, el intercambio y el valor simbólico de los objetos. Los gestos de reunir, ensamblar y transformar materiales permiten pensar en los saberes que circulan en la vida cotidiana, en el trabajo de las manos y en nuestra capacidad de encontrar posibilidades en aquello que tenemos cerca. Comisionada por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes y el Museo Nacional de Colombia, y donada por el artista a la colección permanente, la instalación lleva estas preguntas al museo y les da un lugar entre sus relatos.
This openness to encounter also shapes the pedagogical dimension of the work. Some sculptures, drawings, and objects can be handled by the museum mediators, activating a sensory and playful experience with the public. The curiosity that guides the gaze can then find an outlet through movement, conversation, and play. Observing, naming, comparing, and inventing become ways of entering into relation with the works and with those who share the room, allowing each activation to open up the possibility of a different story.
From this shared experience, La presente weaves a poetic and political reflection on making, exchange, and the symbolic value of objects. The gestures of gathering, assembling, and transforming materials invite us to think about the knowledge that circulates through everyday life, the work of the hands, and our ability to find possibilities in what we have close at hand. Commissioned by the Ministry of Cultures, Arts and Knowledge and the National Museum of Colombia, and donated by the artist to the permanent collection, the installation brings these questions into the museum and gives them a place among its narratives.


Al salir, quizás persista la imagen de una piedra sobre una balanza, de una figura hecha con materiales inesperados o de una cuerda que cae hasta el suelo. Son encuentros pequeños que pueden acompañarnos de regreso a las cosas de todos los días. Una lata, una fruta o una herramienta conservan entonces algo de la extrañeza que encontramos en la sala y nos hacen detener la mirada. En ese cambio de atención vive la potencia de La presente, en la posibilidad de sentir más cerca el mundo material y descubrir cuánto queda por imaginar entre las cosas que creíamos conocer.
Upon leaving, the image of a stone resting on a scale, a figure made from unexpected materials, or a rope falling to the floor may linger. These small encounters can accompany us back into the things of everyday life. A tin can, a fruit, or a tool may then retain something of the strangeness we encountered in the room, making us pause and look again. It is in this shift of attention that the power of La presente resides: in the possibility of feeling closer to the material world and discovering how much remains to be imagined among the things we thought we already knew.

