Manchester SonÁmbula
Una de las causas que explican su sonambulismo tuvo lugar el 4 de junio de 1976 en un lugar cercano al centro de la ciudad conocido como el Lesser Free Trade Hall. Este fue el lugar en donde se organizó, como lo suelen llamar en Inglaterra, una “gig” de un grupo nuevo londinense de punk llamado The Sex Pistols. Nadie, incluyendo los que asistieron ese día, sabía que esa noche iba a marcar la historia musical de Manchester y del mundo. Los que asistieron fueron sin esperar nada extraño, sin embargo, al llegar allá muchos se sintieron invadidos por un poder y una fuerza mágica extraordinaria difícil de explicar. Algunas de las 42 personas que asistieron a ese pequeño encuentro empezaron a saltar y a bailar con el ritmo de la música que este increíble grupo les brindaba. Entre los que se sintieron inspirados y movidos por esa música anárquica estaban Haward Devoto y Pete Shelley de Buzzcocks, Peter Hook de Joy Division, Mark E. Smith de The Fall, Mick Hucknall de Simply Red, Martin Hannet productor musical y Tony Wilson un periodista de gran visión musical, pero sobre todo un hombre arriesgado sin miedo a fracasar y sin apego al dinero. Ese día dichos grupos no estaban todavía formados, pero fue esa noche de inexplicable poder, la que inspiró a estas personas a formar bandas, a jugar con su creatividad y a empezar un nuevo movimiento musical, movimiento que luego le cambiaría el nombre a Manchester; la gente la empezaría a llamar ¡Madchester!
Fue el periodista Tony Wilson el encargado de cambiarles la suerte a estos tipos mancunianos de grandes sueños. Estimulado y alimentado por una droga que era legal (la música), Wilson decidió que era hora de darle a la gente algo diferente. Durante muchas noches se hicieron varios toques de bandas locales en un bar que Wilson llamó The Factory, tal y como alguna vez Andy Warhol llamó a su lugar de inspiración. Estas gigs se volvían cada vez más famosas gracias a sus nuevas melodías, letras y ritmos, como el new wave, el Indie, el rock alternativo y el post-punk.
Al ver Tony Wilson semejante éxito y este recibimiento sin fronteras por parte del público mancuniano, decide abrir junto con cuatro conocidos más, entre ellos el gran productor musical Martin Hannet, la compañía disquera Factory Records. Entre los grupos más influyentes que trabajaron con dicha compañía disquera estuvo Joy Division. Este grupo tenía como cantante a Ian Curtis; según Wilson, Curtis era el equivalente musical del Che Guevara; un hombre que sólo tenía que tomar el micrófono para volver loca a la humanidad. Con su peculiar forma de bailar, su voz y el sonido de la música de fondo punk-rock de su banda, que gracias a el genio Martin Hannet (quien alguna vez le dijo al baterista que tocara “rápido pero lento”), se volvía cada vez más oscura, le dio más poder a la disquera y al club The Factory, en donde no existía la Ley y no existía Dios, era un lugar que propiciaba vida y libertad ilimitada, ofrecía descontrol, desorden y descomposición mental.
El público variaba, no existía ninguna línea divisoria que separara a los punks con su descontento social y sus tendencias estéticas poco conservadoras, de los que eran más tradicionales y seguían patrones estéticos más habituales; no importaba si llegabas con una cresta, taches en la cabeza y unas Dr. Martins, o si llegabas con unos simples pantalones, una camisa, corbata rockera y un blazer vestidor o una chaqueta de cuero acolchonado; allá no existían las barreras, existía algo que unía y creaba convergencia; música para compartir y liberarse.
Sin embargo, justo después de este éxito, no sólo del club The Factory y de la disquera, sino también de varios grupos locales, Ian Curtis se quitó la vida en su casa.
Ese día murió también Joy Division.
Pero no todo estaba acabado. En 1982 Wilson inauguró el club nocturno The Hacienda. Este fue el lugar que impulsó las carreras de muchos artistas como Happy Mondays y New Order (que fue Joy Division cuando vivía Curtis), pero ante todo impulsó una nueva onda de música.
Fue allí donde la música electrónica despegó y donde la gente dejó de aplaudirle solamente a las bandas en vivo, para empezar a disfrutar de los DJ’s. Fue en este lugar lleno de magia donde la gente olvidaba sus problemas; donde las personas eran realmente individuos y donde no existía nada más que los cinco sentidos sincronizados en uno; donde el cuerpo hablaba por ellos y no existían las palabras, los gestos, sólo había movimiento.
The Hacienda era el club nocturno más popular de todo Inglaterra, la fila para entrar daba, no una sino varias vueltas alrededor del edificio. El público, al igual que en The Factory, era diverso; de todas las razas, los negros bailaban y a los blancos se vieron obligados a hacerlo. La tendencia fashionista ya cambiaba un poco; no había tanto punk sino gente con pantalones anchos, camisetas muy hippies y colorinches; ésta tendencia se extendió por todo Inglaterra, no era sólo la tendencia en `Madchester´.
Los jóvenes cambiaron el trago por las magic pills. Todo inició cuando unos amigos de los integrantes de Happy Mondays llegaron de Ibiza con éxtasis; lo llevaron a The Hacienda, lo probaron, repartieron un poco y les gustó. Gracias al éxtasis hasta los de peor oído se gozaban la música, alzaban sus brazos y se dejaban llevar. Poco a poco el público fue cambiando; los blancos se fueron quedando, pues gozaban de la música y de la droga. La mayoría, por no decir todos, estaban envueltos en una energía y un amor descontrolado gracias a la música y al éxtasis… el público negro generalmente no era de mucha droga y salir a bailar era simplemente un ritual cultural. Para los blancos era todo cuestión de escape, de amor y de fiesta eterna. A pesar de esta felicidad, no todo era color de rosa y muchas bandas trataron de sacarle el mejor provecho a la droga y empezaron a venderla; esto creó diferentes enfrentamientos entre pandillas y la violencia poco a poco empezó a incrementarse, pues no sólo utilizaban las manos, como en el noble deporte del boxeo, sino también armas; para la policía The Hacienda era sinónimo de drogas y violencia.
No sería una equivocación afirmar que Tony Wilson y Manchester estaban por delante de muchas tendencias musicales del momento, ellos inventaban e impulsaban, ellos eran los pioneros de los nuevos ritmos, ritmos además buenos, ritmos que hoy siguen inspirando e influenciando a otros. Aunque La Hacienda fue un lugar inigualable, cerró sus puertas en el año 1997 (se estarán preguntando ¿si era tan bueno, qué pasó?) Pues la respuesta es fácil: la entrada a The Hacienda era barata y la gente no estaba consumiendo alcohol; pues todo el mundo andaba en la onda del éxtasis.
Tony Wilson murió en el 2007, un hecho lamentable. Pero al enfrentar su muerte y preguntarnos ¿Qué dejó, qué cambió? La respuesta es clara: el dejó un legado incuestionable, él transformó la historia musical y la imagen completa de una ciudad; como lo dice el mismo nombre de la canción de los Happy Mondays y de la película que rinde tributo a Manchester, su música y al mismo Tony Wilson, `24 Hour Party People´.
Manchester es una ciudad fantástica. Con su mal clima, sus calles y arquitectura oscuras, es una ciudad sonámbula, donde el tiempo no existe y donde la gente vive despierta y de fiesta las 24 horas del día.



