RÁFAGAS DE MODA
La vida real y el cine se alimentan mutuamente, creando lugares comunes y estereotipos que todos conocemos: Vito Corleone, Al Capone, “Lucky” Luciano y John Dillinger son seres mitológicos y hacen parte de nuestros códigos culturales, sin distinciones de quién es real y quién es ficción. Tal vez todos lo sean, todos hacen parte del panteón de la cultura pop. Cuando evocamos estas imágenes nos impacta el estilo pulcro, cuidado, prolijo. La elegancia hace parte de ellos. Pero bajo la ropa y la actitud de macho italiano se esconde algo más oscuro, algo que tememos y por eso mismo nos atrae.
Su estética ha trascendido hasta hoy. Los trajes de tres piezas cortados a la medida, fabricados del mejor paño, las camisas italianas y las corbatas de seda complementadas por los tirantes, los sombreros y las boinas crean el “look” del gangster de la época. Capone añadiría a su vestido un abrigo de mapache, una corbata de seda con un pañuelo a juego, una camisa de seda verde o amarillo canario, un sombrero de ala ancha Borsalino color crema, un gran cigarro, y por supuesto, su anillo de diamantes de 11.5 quilates Jagersfontein de US 50,000.
La velocidad del mundo contemporáneo nos impulsa a buscar referentes sobre los que podamos crear nuevas tendencias. La melancolía del ayer, de esos días en que Carlos Gardel cantaba sus tangos —el estereotipo perfecto made in Latinoamérica—, nos lleva a crear un look modernizado del mundo inescrupulosamente idílico, y por eso mismo, idealizado del gangster de los años 20. Ahora tenemos a Vincent Vega, o los Reservoir Dogs de Tarantino. Esta imagen inunda las urbes del mundo; en los bares, los chicos de pantalones entubados de paño, corbatas delgadas, tirantes y sombreros de fieltro gris ratón devoran la noche de la mano de chicas que comparten su estética.
En la campaña otoño/invierno 2009, “New York Gangsters” de Dolce & Gabbana, fotografiada por Steven Klein, lo andrógino se impone. Klein propone una sucesión de escenas de la noche urbana, atravesadas por la mirada oscura, erótica y surreal que lo caracteriza. En este trabajo combina el glamour extremo con imágenes inquietantes, que provocan una atmósfera misteriosa, dark, extrañamente atrayente.
Hay una clara influencia de la onda gangster, los años 20 y los mobsters italianos. Esto se ve reflejado en la estética y actitud expresada por las mujeres, que asumen la imagen del referente masculino: hay una reelaboración de sus elementos característicos para adaptarse al estilo femenino. Pañuelos que se convierten en pañoletas para usar como corbatas, tacones inspirados en los zapatos de amarrar, boinas y sombreros de paño. Trajes de tres piezas de pantalón de paño: tonos cafés, vinotintos, morados y grises azulados, contrastados con un poco de rojo. Pantalones de cuadros de talle alto, camisas de hombre entalladas, un poco de cuero en los accesorios (zapatos, carteras) mezclados con pieles y faldas largas de telas pesadas, chalecos, y vestidos/gabán que juegan con la ambigüedad entre la silueta femenina y lo fuertemente masculino. Además, vestidos de telas volátiles para la noche, que mezclan texturas, tocados y sombreros en colores fríos (blancos, azules, grises). Para los hombres, vestidos cruzados de paños brillantes de uno o tres botones. Poca solapa, tirantas, corbatas muy delgadas o pañuelos, camisas con el cuello angosto, chalecos, pieles y cuero, botas estilo militar y chaquetas de seda aterciopelada.
Algunas tribus urbanas en varias ciudades latinoamericanas están influenciadas por este look; sin embargo, el asunto excede los límites de la imagen. La idea de “gang” se traduce en una corriente alternativa que comparte música, cine y cultura urbana. El cosmopolitismo ha contribuido al establecimiento de una subcultura global. Ésta combina en su estilo representaciones e historias diferentes, que al ser asumidas en contextos diversos, enriquecen y dan un cuerpo sólido, pero evanescente, a esta estética.
La fiesta es el teatro perfecto para la escenificación de las nuevas propuestas, con lo retro a la vanguardia. El look mundializado del gangster cinematográfico se ha hecho extensivo a hombres y mujeres que comparten corbatas, tirantas y sombreros. Esto nos ha predispuesto a que ya no sólo consideremos a una mujer sexy por vestirse con minis y escotes, sino que también esta estética masculina sea atractiva.
La mafia ha salido de los callejones del Brooklyn de los 20’s para tomarse el mundo por asalto. Paradójicamente el arma usada para este ataque no es un Tommy Gun, sino ráfagas violentas de estilo y glamour.



