MAFIA
Es una ordinaria noche de invierno y afuera, la gente que camina exhalando hilos de hielo caliente, apenas escucha una diminuta ráfaga que no alcanza a despertar sospechas. En los andenes todo sigue igual, los arropados transeúntes apuran su camino por entre la noche ignorando aquello que, escaleras abajo, va dejando una pequeña corriente de sangre goteando desde la barra hasta el suelo.
Sammy, de 47 años, ha quedado tendido sobre el mostrador después de que esa bala silenciosa le perforara en cuestión de segundos la parte trasera de la calva. Su mano pierde fuerza a medida que la vida lo abandona y se desprende lentamente de ese vaso de whisky que bebía hacía apenas media hora.
La gruesa cadena de oro que baja de su cuello se riega como agua sobre el tablón de madera y sus extremidades desgonzadas, se siguen meciendo en una última danza con la noche. El segundero aún camina firme en su Rolex dorado.
Ahí, mirando a Sammy pagar por todas las veces que envió dedos y cabezas
envueltas en bolsas negras a su jefe como prueba de lealtad, supimos que
para esta edición tendríamos que trasladarnos al subsuelo. Sí, esta vez
bajamos a los sótanos donde hombres como Sammy se encuartelan y pasan los
días sacando filo a sus navajas, y cuidando los cargamentos y botines.
Esta vez caminamos con elegancia por entre la gresca y sacamos del galpón
nuestro viejo Cadillac, para darles un paseo por el mundo de La Mafia.
Así que ajusten las cintas de sus sombreros y hablen muy bajo, porque esta
vez traemos los mejores secretos de misteriosos negocios, riñas entre
grafiteros, mercados controlados por orientales, cenas al mejor estilo de
Al Capone y mucha, pero mucha violencia elegante.
Silencio...alguien se acerca.



