Pero esta vez no. Esta vez se trata de alguien que tiene una adicción, alguien que vive con un exceso de espiritualidad.
Para ser un excesivo de la espiritualidad debe haber un acontecimiento previo, por lo general una crisis, la muerte de un familiar, un divorcio, o una enfermedad. Entonces alguien comienza a preguntarse, ¿Qué quiero?, ¿Para dónde voy?, ¿Para qué vine a este mundo? O incluso la gran pregunta ¿Quién soy?. Si no hubiese ocurrido la crisis, seguramente seguiría en su trabajo, con su esposa/o, sus hijos, del trabajo a la casa, de la casa al trabajo. Para qué cuestionarse cuando todo está “perfecto”.
Luego de las preguntas se pone a buscar ayuda, va a su primer seminario, cualquier clase o curso de yoga, meditación, coaching, danza, liderazgo o chamanismo, cualquier cosa que sea espiritual. En todos esos cursos lo enseñan a conocerse a sí mismo, lo que produce un sentimiento diferente, una gran energía que hacia tiempos no sentía, una energía de alegría y amor propio.
Habrá quedado tan impresionado por ese curso espiritual, que va a querer otro. Así que del curso de yoga es trasladado al de meditación, luego aparecerá el de los Ángeles y justo al final de éste, lo introducirán al mundo de las hadas y duendes. Y si ha llegado hasta el fondo del mundo espiritual, habrá terminado en un grupo de contacto extraterrestre. Se habrá convertido entonces en un turista espiritual.
Llegará un momento en que decidirá salir de viaje a buscar a su maestro espiritual alguien que lo guíe. Allá crecerá y aprenderá aún más sobre su propio ser, un proceso donde poco a poco descubre que su Ego es bien grande. Estando ya en las profundidades del mundo espiritual, su maestro le habrá dado un nombre nuevo, un nombre espiritual.
En este punto ya no hay vuelta atrás, ya sabe demasiado. Es como en “The Matrix” habrá tomado la píldora roja y ya es muy tarde. Saldrá a la calle y no entenderá a los demás. Ya no hablará de política, ni economía, ni de la ultima moda. Solo observará cómo los demás son el reflejo del propio ser y no tendrá otra opción que trabajar en él. Será entonces un excesivo de la espiritualidad.
De estos hay muchos en el mundo y algunos terminan montando un centro donde las personas pueden ir a desahogarse y “evangelizarse” hacia el mundo espiritual. El camino espiritual nunca se acaba, no tiene límite. El exceso de espiritualidad puede seguir in finitamente. Bienvenido a este mundo excesivo.











