Es una tarde blanca a mediados de enero de algún año cercano en el tiempo y yo estoy aquí atrapada en un cuarto de un hotel en las altas montañas. Me han traído hasta aquí para tener sexo por lo menos dos veces al día y esquiar en la nieve; pero no me veo bien en esos trajes de esquiador, así que he preferido pasar el tiempo entre las paredes de esta enorme suite que un hombre rico ha rentado para él y para mi.
Mientras el tipo pasa la temporada envuelto en sus mamelucos y montado encima de ese par de skies, yo finjo estar indispuesta y me quedo en este cuarto lidiando con mi incomodidad y con mi repentino desacuerdo climático.
Me paso el tiempo jugando a la fiesta solitaria, bailando como lo hago en las fiestas duras. Ojalá estuviera en una de ellas, con las piernas calientes y la cabeza llena de exquisitas sustancias.
En el mini bar hay whisky, tal vez si me bebo esas botellas el frio se evapore y crezca un calor hipnótico desde el centro de mi estómago. Hace frio. Me aburro. Salud.
A través de los tiempos, la moda ha demostrado ser un proceso cíclico, en el que, todo lo que una vez estuvo en auge, regresa en otra época con su esencia revestida por nuevos aires. Así vemos cómo las tendencias pertenecientes a las golden decades -la hippie, la gótica y el “saturday night fever”, entre otras- se reinventan continuamente, rescatando lo mejor de los arquetipos fashionistas, adaptándolo al presente y proyectándolo hacia el futuro.
La mejor muestra de este fenómeno en la moda, es la tendencia Neobarroca.
Exceso, lujo y extravagancia son los adjetivos propios que describen este estilo inspirado en la esencia del Rococó (movimiento artístico del siglo XVI, que se caracterizó por ser recargado, excesivo en su ornamentación, desmesurado y hasta irracional). La película María Antonieta dirigida por la talentosa Sofía Coppola y protagonizada por la joven actriz Kirsten Dunst, trae a colación la importancia del estilo neobarroco y sus aportes a la moda en la actualidad, a través de la historia de la última reina de Francia (esposa de Luis XVI) cuya vida se caracterizó por el despilfarro de sus riquezas y una rutina llena de extravagancias. El filme recrea el movimiento barroco evidenciando a través de los distintos escenarios (castillos, iglesias) y el vestuario (llevado al límite de la estética), la esencia del exceso y el recargo.
Dicho estilo tiene como referente en nuestros tiempos, las décadas de los años ochenta y noventa, en las que diseñadores reconocidos como Salvatore Ferragamo, Christian Lacroix y el inigualable Gianni Versace, rescataron todo el esplendor del exceso y la exageración de antaño, y lo llevaron a sobrepasar las fronteras de la estética conocida hasta entonces. Volúmenes exagerados en diferentes partes del cuerpo, cuellos desmesurados, mangas con encaje, hombreras y un estilo de maquillaje recargado, constituyeron los nuevos básicos del universo de vestuario. Todo esto marcado por un período saturado por el despilfarro, el derroche y la exageración en los diversos ámbitos sociales y culturales del mundo moderno, captado en su esencia por el cine y la música de artistas como Madonna, Michael Jackson, Iron Maiden, entre otros, y toda la estética excesiva, lujosa y escandalosa (de mal gusto para muchos) que adoptaron para el mundo del espectáculo.
Una década más tarde, y dejando atrás el minimalismo de finales de los noventa, el lujo y el exceso vuelven a ser la máxima premisa en los corrillos de la moda. El encanto de lo retro como referente creativo e inspirador, cautiva una vez más a los diseñadores quienes, en esta oportunidad, apuestan por algo lleno de extravagancia y permisividad, pero enfocado ahora en las telas (seda, terciopelo y organza en tonos dorados y plateados, con diseños florales en relieve) y los accesorios, manejando siluetas austeras como la del corte imperio.
Diseñadores como Karl Lagerfeld para Chanel, Alexander McQueen, Valentino, Dolce & Gabbana y Roberto Cavalli para Just Cavalli, retomaron el espíritu del Barroco y lo reinterpretaron en sus colecciones de la temporada otoño-invierno / 2006-2007.
El must (lo indispensable) de esta tendencia se hizo evidente en la utilización de tonalidades metalizadas como el dorado y el cobre para la creación de brocados y bordados en chaquetas, abrigos, pantalones, vestidos y blusas. Las joyas inmensas con pedrería alusiva a los diseños de vitrales de las iglesias, las flores y figuras geométricas de hilos de oro y plata, las chaquetas de cuellos altos y las mangas de grandes dimensiones también estuvieron presentes en las pasarelas para esta temporada. El maquillaje y el peinado se vieron muy naturales, buscando así modernizar y minimizar la tendencia del exceso.
Para la temporada otoño-invierno/ 2009-2010, las pasarelas nos traen de vuelta todo el exceso y la extravagancia de los años 80. La reconocida marca francesa Louis Vuitton, a cargo del talentoso diseñador norteamericano Marc Jacobs, proyecta en esta temporada un estilo lanzado y recargado que pone en evidencia el retorno de las siluetas sobredimensionadas en hombros y mangas, y la utilización de materiales llenos de brillo y color.
Este breve recorrido hace evidente que el movimiento neobarroco retorna al universo del vestuario continuamente (después de una temporada de simplicidad y minimalismo), reinventando siluetas, jugando con el recargo y la extravagancia por medio de materiales y accesorios de lujo. El poder del exceso reinará probablemente, una vez más, en un par de años para la temporada de otoño-invierno.
El redescubrimiento de la tendencia barroca en la moda, controversial e impetuosa a la vez, invita a indagar acerca de los placeres del exceso y la extravagancia sobre nuestro cuerpo, sobre nuestra segunda piel… confirmando la posibilidad de romper los límites de lo tradicional y lo ordinario en cuanto al descubrimiento y el renacer de una propia y nueva identidad. Larga vida al “más es más”.











