Sin embargo, el mundo es insistente en sus infames propuestas: Cuando
vayas a una fiesta no tomes en exceso, no sobrepases el límite de
velocidad, levántate temprano, no te comas ese bocado de más, tenle miedo
a tu propia bestia. Y la vida, sin otra opción diferente a obedecer, se
convierte en un museo del buen comportamiento.
Aunque el equilibrio viene incluído en el kit de la cordura, hay que
aceptar lo aburrido que es cuando dejamos que gobierne nuestras vidas por
completo; por eso para divertirnos en esta habitación del pánico hay que
acudir al EXCESO, hay que hacerle honor a la necedad, distraer con
ebriedad al bien y el mal, botar la balanza por el balcón y apretar
intermitentemente nuestro botón de autodestrucción.
Qué rico es excederse, rebosarse y atragantarse; por eso esta vez, traemos
historias de ciudades donde los demonios andan sueltos por las calles,
cuentos de hombres que cabalgan sobre fieras de 800 kilos, de tribus
urbanas que llevan la moda a sus extremos y de un personaje que organiza
las orgías sexuales más nutridas de la èlite inglesa. Esta vez hay
suficiente para indigestarse y adorar la vida en toda su gordura.
Que salgan las bestias.











