Beijing, ciudad de más de 700,000 años de existencia, orgullosamente exhibe hoy sus excesos del pasado como la Gran Muralla, la estructura más larga del mundo hecha por el hombre con 8,851.8 km de extensión, o la Ciudad Prohibida, el palacio más grande del mundo, que ocupa 74 hectáreas, tiene 9999 habitaciones y recibe anualmente 8 millones de visitantes.
La Beijing de hoy sigue debatiéndose en el paraíso del exceso, pero esta vez en terrenos de la modernidad. Anualmente consume 14 millones de watts y diariamente circulan 1,231 carros nuevos -se estima que a finalizar este año se llegará al total de 4 millones de autos-. Para la celebración de los sesenta años de la República Popular China, la ciudad ha sido decorada con 40 millones de macetas de flores y se han enlistado más de un millón de voluntarios para mantener la tranquilidad en las zonas aledañas a la Plaza Tiananmen.
Las necesidades de 13 millones de personas que viven en el casco urbano de Beijing demandan servicios y la forma en que tales necesidades son satisfechas es un ejemplo de los pequeños excesos del día a día pekinés. Para muestra de un botón: en los 2 kilómetros en los que se extiende la Dongzhimennei, en el centro de Beijing, se encuentran 102 restaurantes, sin contar los hoteles y los puestos callejeros de comida. Durante la celebración del año nuevo chino, el pasado febrero, los capitalinos enviaron más de 125 millones de mensajes de texto de felicitaciones y usaron alrededor de 68 toneladas de juegos pirotécnicos.
Y para ir quizá, excesivamente más lejos de los terrenos comunistas desde donde escribo, Beijing es la ciudad donde más billonarios hay en toda China: 8,800 personas. Cifra quizá modesta para los 143,000 millonarios que viven en la "capital del norte" y en la que vale la pena no adentrar, pues en cuanto a dinero, inversiones, gastos, renta y demás términos económicos con los que constantemente se habla de China hoy en día, es donde más aflora el exceso de un país pensado para todos pero en el que ganan, en exceso, unos pocos. Curiosamente, guòshèng (过剩) ofrece una segunda posibilidad de traducción: superávit.











