Hay tres traducciones genéricas de esta palabra indostaní que nos han
llamado la atención. La primera es: “yo saludo a la Consciencia Suprema que
está dentro de ti con toda la pureza de mi mente y con toda la sinceridad y
el amor de mi corazón". Un poco cursi, tal vez. Muy "de mentiras". ¿Esa
palabrita significa todo ese chorrero? Por otro lado, hablar de la
consciencia, y más aún, de la Consciencia Suprema -incluso en mayúsculas-,
de la mente, del amor y del corazón, supone un trabajo académico arduo, que en realidad podría tomar toda una vida.
La segunda es: "saludo a la divinidad que hay en ti". Suena bien, y además
parece haber algo detrás, implícito, entre líneas. "Hay algo dentro de ti
que entiendo pero no puedo definir". "Yo pertenezco a aquello que está
dentro tuyo y que no puedo explicar; pero lo siento muy familiar".
La tercera es: "mi Dios saluda a tu Dios". Quedémonos con esta.
Alrededor de esta palabra se puede entablar una discusión no sólo muy
interesante sino llena de colores y texturas. Este cuerpo que tenemos,
-biológico, animal, orgánico- nos define como algo natural; como una
maquinita -muy compleja, sí, pero maquinita en todo caso- que necesita
energía -comida, agua, aire, etc.- para andar -to run-, que se reproduce
casi mecánicamente y que necesita de varios cuidados, ya que es un cuerpo
relativamente frágil comparado con todo lo demás que se ha definido como
natural -entendiendo la fragilidad como una característica puramente
corporal y física-.
Por otro lado, hay algo que no es cuerpo. Algo que excede el campo físico.
¡Sí! Entendemos que el cerebro, ese gran órgano que para muchos define "lo
humano ", es el centro de control de la maquinita; que desde ahí se generan a partir de campos electromagnéticos, todos los movimientos musculares
voluntarios e involuntarios; que es el cerebro -o por lo menos "lo
cerebral", su tamaño por ejemplo- lo que nos diferencia del resto de
animales y plantas. Pero hay algo de detrás, o encima o dentro del cerebro
que no se puede entender mucho. Es como la presencia en sí. Nuestra
presencia. Ese voyerista que ve todo lo que hacemos mientras lo hacemos.
¿La consciencia? ¿La mente? ¿El alma? Ni idea. El caso es que hay algo
más, una fuerza que no sólo nos ayuda sino que de hecho nos permite tomar
decisiones. ¿El libre albedrío? ¿La libertad? ¿La voluntad? ¿El destino?
¿Dios? Hmmm...
El caso es que Namaskar es más que una palabra: es un mantra. Los mantras son palabras o frases que tienen una concentración energética especial, como por ejemplo, el ¡IA! del karate, el Om de los yoguis, o nuestros nombres. "Mi Dios saluda su Dios". Si son atentos y si nos hemos expresado bien sabrán
que este pequeño saludo o bienvenida no tiene agenda ni religiosa ni
política. Es en realidad la exaltación y celebración de cada una de sus
identidades, de nuestras identidades. Y de esto se trata precisamente la
nueva sección de Exclama: SINCRONÍA; de la existencia de un espacio en el
que conversaremos acerca de la consciencia y la toma de consciencia, de
nuestra condición humana y de las diferentes aproximaciones que hay a la
vieja pregunta que todos nos hacemos: ¿por qué?
Namaskar, Bienvenidos...
Juan David
Rico Salazar
Una nueva sección
de Exclama, un espacio especial para
la consciencia.







