Pero Nueva York no es como esas otras ciudades duras, porque entre su casco hecho de soledad y asfalto existen espacios muy blandos, llenos de gente suave, tranquila, que ha decidido no montar su vida en el tren de la gran ciudad, no dejarse perder entre las estampidas humanas que caminan por Broadway.
A estas personas han empezado a llamarlas Hipsters hace algunos años. Etiquetadas por la industria cultural como los nuevos bohemios, son jóvenes que no van en contra de un sistema, pero si han decido salirse de él y simplemente caminar a su lado, en armonía, a su manera.
En realidad lo único que busca esta gente es un poco de silencio para sentarse a contemplar, un buen computador para publicar sus vidas y compartirlas como un bien común con el resto del mundo, y un buen libro, para tener siempre un camino de vuelta a lo básico.
Con abrigos sacados de los closets de sus abuelas, andan por ahí sin mucho afán, trabajando en lo que les gusta y no en lo que les toca, lejos de enfermarse de stress, satisfechos con sus anteojos de geek, y sus peinados sacados de un viejo baile de Charleston. No se afanan por tener mansiones, ni penthouses en Manhattan, porque viven felices en sus pequeños departamentos de Williamsburg, con sus gatos y sus decoraciones vintage.
El lado duro de Nueva York tiene dinero, implantes, mucho lujo y ostentación. El lado suave de Nueva York tiene jóvenes sentados en un parque tomando cerveza en primavera, comprando ropa usada y deliberando sobre la última creación de Mac , o sobre el último trabajo de Crystal Castles.
Lina Tono
Paula Beltrán
Little Ramonas
El asfalto duro de la ciudad convive con la blanda vida
de sus habitantes.







