Mientras me sacaba las medias frente al espejo; mi reflejo, una mujer que hacía lo mismo que yo me dijo: “qué aburrida te vez quitándote la ropa tú sola” y mientras hablaba iba sacando una pierna por entre el vidrio cortante del espejo que ella rompió con un pequeño martillo. Cuando acabó de decirlo ya estaba toda en carne y hueso a mi lado.
Era una mujer parecida a mi, pero definitivamente no era yo. Podíamos parecer la misma de lejos, pero en detalle teníamos diferencias, yo era tan dura y ella parecía tan suave, mi vida andaba perdida y la de ella parecía haberme encontrado. Mis ropas colgaban, las de ella parecían quedarle pequeñas. Las dos vestíamos de negro y blanco. Su pelo era tan desordenado, mientras el mío caía uniforme, las dos teníamos flacura, pero la de ella era natural y la mía me había enfermado tanto. Por más que la miraba tratando de convencerme de que era yo misma, no lograba creerlo. Quería pensar que ella era sólo mi reflejo en el espejo, pero al verla detenidamente era tan diferente a mi. No podía ser yo.
Ella caminó por el pequeño apartamento buscando música, se quedó un rato jugando al azar en el shuffle del Ipod y estuvo largo rato mirándome entre canción y canción, hasta que Black Sabbath comenzó a tocar su Fairies wear Boots y ella saltó del sillón para invitarme a bailar. A mi me gustaban los bailes suaves, pero acepté la propuesta porque ella parecía no querer de vuelta un No.
Después de unos pasos me llevó bailando desaforadamente hasta la pared y me dijo “es más divertido si nos desvestimos entre las dos” Yo no dije que sí, pero tampoco me negué. Me dejé llevar, porque había algo en ella que me confundía y me gustaba ese episodio de profunda duda, de seductora incertidumbre.
Decidí preguntarle su nombre. “Ana”, me dijo. Luego ella preguntó mi nombre, “Ana”, le dije.
Lina Tono
Luciano Insua
Stylist y MakeUp:
Gerard Angulo
Modelos:
Viky and Jade
for Elite London
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