¿Qué tienen en común Elvis -Presley o Crespo, el que prefieran-, un
accidente de carro y una lata de sopa? En alguna ocasión Andy Warhol dijo:
“el arte del negocio es el paso que le sigue al arte. Yo comencé como
artista comercial y quiero terminar como artista de negocios. Después de
hacer esa cosa llamada arte o como se llame, pasé al negocio del arte... ”
Andy Warhol es un ícono de nuestro morbo por los “finales felices”, las
figuras caídas y la iconografía mediática. Apalancado en la relación
política y estética entre la clase popular y burguesa norteamericana con las
figuras públicas, y sobretodo las de ascenso socioeconómico rápido y/o
decadencia trágica, la obra de Warhol resulta muy atractiva y familiar para
la clase media, y digna de interpretación para los “intelectuales”.
Andy Warhol es un artista que no requiere de mucho esfuerzo por su temática
y por su manejo del color. Eso es arte pop: temas familiares para todos y
uso de paletas de colores cerebralmente estimulantes y atractivas. Se
sirve además de técnicas que metafórica y simbólicamente son las mismas
utilizadas por los medios masivos y la industria del consumismo: la
repetición y la cantidad. Mucho de lo mismo y muchas veces lo mismo.
La obra de Andy Warhol llega a Bogotá muy oportunamente, en un momento en el que los presentadores de ESPN latinoamérica y CNN noticias son colombianos y argentinos, cuando los programas nacionales de más rating son “realities” gringos y británicos pero con gente un poquito más café y un poquito más bajita, y cuando una empresa española acaba de comprar a un brasilero y un portugués por 160 millones de euros, en medio de la supuesta crisis económica mundial.
Los colombianos somos muy afortunados. No sólo tenemos nuestros propios íconos nacionales como eran en su época o siguen siendo Claudia de Colombia, Jeringa, el Pibe, Pacheco o Julio Sánchez Cristo -todos desplazados hoy en día por Álvaro Uribe-, sino que también cargamos con los íconos argentinos, los mexicanos, el venezolano, los miles de actores y actrices estadounidenses, las bandas de rock británicas y las muy sofisticadas marcas europeas.
Andy Warhol en Bogotá es mucho más que sus serigrafías en la pared del Museo de Arte del Banco de la República: son las muchas horas diarias de atención que le prestamos los bogotanos a Barack Obama y a Michael Jackson QEPD.
Hay un importante impacto de la obra de Andy Warhol en el marketing y en la publicidad, razón por la cual este gremio se abandera tanto en su obra. La publicidad, entre otras cosas, añade valores y asociaciones inconscientes e inconscientemente a la mera función de un producto. Un carro pasa de ser una máquina para trasladar personas, a ser un suplemento fálico-narcisista, entre otras cosas, gracias a la intervención de la publicidad masiva. La obra de Andy Warhol tiene mucho de esto dentro de ella. Está cargada de cierto modo por el morbo hacia la superplusvalía de los íconos e ídolos populares -¿idolatría?-.
En Exclama! queremos extenderles una invitación y dejarles un pensamiento: La invitación es a que aprovechen todas las actividades culturales que está brindando Bogotá a sus residentes y visitantes. Todos los días hay algo nuevo para hacer; exposiciones, conciertos, restaurantes, bares, shopping, y hasta cuenteros y malabaristas, para quienes los disfruten.
El pensamiento lo dejamos para reflexionar acerca de nuestros ídolos y sobre los parámetros y asociaciones impuestos con la ayuda del desarrollo de técnicas de comunicación efectiva como es, entre otras, la publicidad. Nuestros estándares de éxito están cada vez más homogenizados con las
figuras y historias que nos muestran 24/7 los medios de comunicación
norteamericanos y su versión colombiana o latinoamericana en español.
Juan David
Rico Salazar
Juan Pablo Valencia
Warhol en Bogotá; más show afuera, que adentro del museo.







