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Atrás quedan esos tiempos en los que la ciudad se “pavoneaba” con las Olimpiadas, y la Fura dels Baus sorprendía al mundo con su modernidad. Hoy la ciudad se ha convertido en un producto “cultural” que vira a merced del turismo de masas.
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En el inmenso prisma de las relaciones podemos encontrar infinidad de estilos. En algunos casos la relación resulta positiva para ambas partes; en otros, puede resultar dañina e incluso destructiva. En ocasiones la relación es de amor-odio, ni contigo ni sin ti.

Fruto de esta dualidad nace el bestseller “Odio Barcelona” (contra-tendencia al archiconocido lema del diseñador gráfico Milton Graser “I love New York”), donde 12 periodistas y escritores que han vivido o viven en Barcelona desgranan con cierta ironía las contradicciones de una metrópoli que quiere ser, pero no es. Tanto interés ha suscitado el libro que, antes salir a la venta, el Ayuntamiento de Barcelona envió a uno de sus trabajadores a la editorial Melusina para adquirir un ejemplar.

Si es que no puedes ir por ahí contando toda la verdad, mejor invéntate una historia y sal a la calle. Como dice el slogan, convertido en leitmotiv, promovido por el Ayuntamiento: “Barcelona Posa’t guapa”. El problema es que ni ellos mismos lo terminan de creer, así que para el resto de habitantes también resulta difícil tragárselo entero. Y es que después de tantos intentos “a media tinta”, éste parece ser el diagnóstico que describe la mayor dolencia de la ciudad condal. Reducir a Barcelona a esta imagen aparente, significa convertirla en un intento triste de ciudad, como apunta Fernández Porta, en la ciudad que vive “siempre en el suplemento de la Barcelona por vivir”.

Atrás quedan esos tiempos en los que la ciudad se “pavoneaba” con las Olimpiadas, y la Fura dels Baus sorprendía al mundo con su modernidad. Hoy la ciudad se ha convertido en un producto “cultural” que vira a merced del turismo de masas. La lógica mediática y de consumo impera frente a un contenido real que suplica, entre sollozos, que desaparezca la tematización y en consecuencia, la topificación y simplificación funcional de la ciudad condal. Desde el Forum pasando por las hordas de “erasmus de fin de semana” engalanados con sombreros de mariachis, Barcelona se erige como un monumento al servicio de espacios hiper-reales, que ofrecen al invitado una imagen difuminada y concentrada de sí misma, dejando al margen su complejidad.

El recuerdo de la ciudad olímpica a dado paso a un parque temático.

Si entendemos por tendencia la dirección en la cuál se mueven los activos estudiados, veremos cómo el resultado de esta reflexión es bien claro. Y es que le prometieron que la pondrían guapa pero al día siguiente, voilà, el maquillaje se había corrido.

[barcelona]
Texto:
Danuta Assia
Fotografía:
Mawashi Geri
Tema:
Barcelona, ¿Ciudad olímpica o parque temático?
links amigos:
mawashi-geri.com
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